“Hay que ver, este hijo no calla”, comentamos un día a propósito del ucraniano. Y si podía haber un reproche en ese no calla el llamarle hijo lo compensa todo, porque ¿a qué hijo por mucho que hable no se le quiere siempre? Y también, siendo como es ucraniano ¿no es un mérito que hable un idioma que no es el suyo? De manera que ese comentario no sólo no molesta a Iván sino que le hace perseverar en su cháchara.

Con razón su madre nos escribió el primer año que vino, que Iván al volver contaba y contaba y no paraba de contar, como un pájaro, nos dijo y la metáfora, aún pareciéndome preciosa, creo que hasta hoy no la había comprendido.