Algo sabemos en este país, sobre todo en estos últimos años de crisis, de la profusa utilización de los eufemismos por parte de los políticos, a veces para evitar llamar a las cosas por su nombre (decir “ajustes” para no llamarlos “recortes”), a veces porque simplemente se acaban las palabras. Por eso, este párrafo de la última novela de Lionel Shriver me sorprendió de nuevo con esa idea de lo iguales que somos todos aunque invariablemente pensemos que lo que pasa aquí no pasa en ningún otro sitio. De ahí también la genialidad de una novela que contándonos lo particular consigue que esa historia resulte universal.

“Entretanto, las noticias en sí mismas daban para un estudio fascinante. Hacía meses ya que los presentadores de los informativos habían definido ese momento con sustantivos como crisis, catástrofe, cataclismo y calamidad; ya casi no les quedaban “palabras-C“. Habían agotado también todas las que empezaban con D, como desastre, debacle y devastación, entre otras. Términos como penuria, adversidad, tragedia, tribulación y sufrimiento ya no significaban nada… No surtían efecto, y sólo parecían aludir a experiencias que no eran para tanto. La propia lengua inglesa padecía inflación, y cuando todo llegara a ser diez veces peor, esos presentadores tendrían un problema. No quedarían palabras para nombrar la fase siguiente. CBS News tal vez optara por atenuarlo todo refugiándose en eufemismos y perífrasis: lo que le había ocurrido a los Estados Unidos era una pena, una vergüenza, un verdadero desperdicio, bastante desafortunado o algo parecido a una decepción. ”

Lionel Shriver: Los Mandible. Una familia: 2029-2047