Mi hermana es muy miedosa, en realidad es miedosa y miedica. Cuando éramos pequeñas vivíamos en una casa que tenía un pasillo muy largo y muy oscuro. Mi madre nos solía mandar a la cocina a buscar algo, un vaso de agua por ejemplo, y mi hermana era incapaz de atravesar el pasillo si no iba agarrada de mi mano. Ella dice que por eso es tan miedosa, porque está traumatizada. Dice que se le ponen los pelos de punta aunque a veces varía diciendo que se le ponen como escarpias. A mí me parece que lo que tiene es más miedo que vergüenza, pero ella es tan descarada que se atreve a decir que se le han puesto de corbata, a lo que nadie osa preguntarle qué es lo que se le ha puesto de corbata porque es muy capaz de responder. Incluso cuando se pone en plan camionero suelta un “casi me cago por las patas abajo” que es feo, ordinario y soez, pero es que ella es muy de explorar los límites.

Domina los niveles del lenguaje, eso está claro, porque también sabe decir en plan fino que estaba con el corazón en un puño o que se le puso la carne de gallina pero yo, la verdad, pienso que podía utilizar palabras más normales como miedo, aprensión, espanto o temor, pero ella, siempre tan dramática, explica que no le quedaba sangre en las venas al pasar por el voladizo, o que se le hizo un nudo en la garganta cuando se quedó sola en el vagón del metro e incluso afirma que no le llegaba la camisa al cuello cuando se tropezó con una cuadrilla de borrachos. Para mí que se lo inventa todo para tenernos pendientes de ella, aunque también es cierto que con lo de Pamplona estamos todas muertas de miedo.