Paso por una plaza en la que hay unos niños jugando con superhéroes y me acuerdo de ti. Llego a casa y cuando saco un Kiri del frigorífico, me acuerdo de ti. Me acuerdo de que el otro día dijiste “eso no conduce a nada” y vuelvo a asombrarme pensando dónde lo habrás oído y cómo será posible que lo utilices tan bien. Veo esa foto en la que sales corriendo del agua, riendo mientras escapas de la ola que quería subirse por tus piernas, y me acuerdo de ti. Recuerdo al niño pequeño que se acurrucaba en mis brazos y al niño menos pequeño que me da la mano. Recuerdo lo bien que cuentas las cosas y cómo al final dices ¿a que sí, Gema?

Y pienso qué harás, si te habrás levantado muy temprano o si por el contrario irás despertándote un poco más tarde cada día. Pienso si el agua de tu piscina estará muy fría o si se habrá calentado. Imagino que juegas con los aspersores, que sigues a Valentina y que los dos os reís con esa risa clara y con burbujas que nos deja a todos el corazón lleno de alegría. No sé qué harás por la tarde, si os quedaréis en casa jugando o si saldréis a ver a los abuelos. Seguro que unos días un plan y otros días otro. Seguro que eres feliz.