¿Cuál es el punto a partir del cuál un idioma se aleja tanto de la familia a la que pertenecía que ya solo es considerado un primo lejano? Cómo es posible que en la cita que copio aquí, cinco líneas, yo no sepa lo que significan chango, ni merca, ni raviol de fonda, ni mangueros, que los verbos se conjuguen diferente y se acentúen diferente, que la construcción sintáctica de la frase sea otra en “con Moreira solían acercarse…” y sin embargo, a pesar de todo, pueda seguir leyendo el libro en el que está insertado este párrafo.

“Moreira había llegado un año antes, también escondido en un tren carguero, y esa coincidencia los unió bastante durante los escasos meses que tiraron juntos. Yo soy un cabecita negra, chango, acostumbraba a decirle Moreira y se reía con un poco de bronca. Un provinciano merca, ¿entendés? Raviol de fonda, me gritan los cajetillas: raviol de fonda. Pero vos no, vos tenés pinta, sos alto y blanquito, le decía, parecés porteño: aprovechá. Con Moreira solían acercarse hasta los cabarets del Bajo para mirar de cerca a las vedets tetonas o a ciertos mangueros de prestigio que se pavoneaban a discreción.”*

Dicen que los serbios y los bosnios están empezando a no entenderse hablando el mismo idioma, sobre todo porque no quieren. Quizás es que los del otro lado del Atlántico y nosotros, por el contrario, siempre hemos querido entendernos y, cuando sentimos que la barca se aleja un poco, le lanzamos una cuerda. No sé, pero da qué pensar.

* Marcelo Luján: Moravia