¿Cuántas variantes de crucigramas dirían ustedes que existen? ¿Tres, cuatro? Pues bien, las más consolidadas son ocho y son las siguientes: crípticos, temáticos, silábicos, encadenados, autodefinidos, blancos, cruzadas o parrillas de solución múltiple.

Veamos las características de cada uno. En los crípticos, las definiciones contienen estrategias propias de la enigmática clásica; los temáticos presentan un alto porcentaje de palabras relacionadas con una materia concreta; en los encadenados la separación de las palabras contiguas no se hace mediante cuadritos negros sino dibujando más grueso el trazo de la parrilla; los autodefinidos presentan la definición dentro del cuadro negro; los blancos no revelan la posición que tienen los cuadritos negros en la parrilla; las cruzadas listan las palabras solución a pie de parrilla prescindiendo de las definiciones; y, por último, los crucigramas de solución múltiple presentan dos (o más) alternativas completamente diferentes de resolución para una misma parrilla.

Los británicos desarrollaron el estilo de definiciones llamadas “crípticas”, los franceses se especializan en definiciones culturales, los alemanes inventan los denominados “autodefinidos”, los japoneses -obligados por su escritura- los hacen silábicos y los quebequeses optan por la modalidad bilingüe cruzando palabras inglesas escritas en horizontal con palabras francesas en vertical.

Así que ya ven, hasta el tipo de crucigrama que hacemos nos define y nos ubica.