“María Gema, vete a la tienda del cojo y que te ponga un kilo de alubias y medio de garbanzos… ah, y un chorizo, y que lo apunte, que este mes andamos a la cuarta pregunta”, me decía mi madre cualquier día de finales de mes cuando yo era pequeña. Nunca se me ocurrió pensar de dónde venía ese dicho, cuál era la dichosa cuarta pregunta… hasta ahora.

Hay diversas interpretaciones, pero como todas están relacionadas entre sí, me voy a quedar con esta del gran José M. Iribarren, en “El porqué de los dichos”. Iribarren cita la revista “Alrededor del Mundo”, en un número de 1899, donde encontró la siguiente explicación:

“Tiempos atrás había en los juzgados un formulario de preguntas, al que se ajustaba el escribano cuando tomaba declaración a cualquier pelambre. Las preguntas eran las siguientes:

1.ª Nombre y edad. 2.ª Patria y profesión. 3.ª Religión y estado. 4.ª Rentas.

Casi siempre, los declarantes, al responder a la última, declaraban ser pobres de solemnidad. Sucedía que en posteriores declaraciones, hacía el juez preguntas relacionadas con el bolsillo del declarante, y éste contestaba remitiéndose a lo dicho al responder a la cuarta pregunta. Preguntado, por ejemplo, si tal día había gastado diez duros en una francachela, respondía que eso no era posible, por estar a la cuarta pregunta.”

He aquí la explicación, de lo más lógica por otra parte, a un dicho que a priori parecía un galimatías. Por cierto, los términos pelambre y francachela que se mencionan me han parecido preciosos.