Tara Westover es la pequeña de una familia mormona de siete hermanos. Viven al pie de una montaña preciosa en una casa aislada de un pueblo de mayoría mormona, pero mientras el resto de los vecinos afirma ser mormón, la familia Westover lo practica. Esto significa que los niños no van a la escuela, porque allí serán corrompidos por el Gobierno y que tampoco visitan al médico, porque eso significaría desconfiar del Señor. El Señor les ama y el Señor cuidará de ellos. En exclusiva, sin ayuda de la medicina.

La familia vive de un desguace que dirige el padre, un hombre fanático y de carácter irascible. Todos temen su mirada, todos quieren que él les apruebe. Nada existe más allá de su aprecio, tú no puedes estimarte a ti mismo si él no lo hace.

Tara crece, pues, en este ambiente insano y opresivo. Me preguntaba leyendo el libro cómo se podía soportar tanto dolor. En el desguace ocurren varios accidentes graves, uno de los cuales incluye a Tara que casi pierde la vida, mientras sus hermanos, e incluso su padre, sufren también graves percances. Por supuesto todos son curados con las hierbas y los ungüentos que prepara la madre y con la gracia infinita de Dios.

Por si este panorama no fuera suficiente, uno de los hermanos, Shawn, es un maltratador que la toma con Tara (además de con sus novias y con otra hermana mayor). Lo primero que hacía Tara cada mañana era limpiar el water pues sabía que, tarde o temprano, terminaría con la cabeza metida en él.

En un momento dado, Tara decide que tiene que estudiar y que tiene que salir de esa casa. Ambas cosas con la oposición frontal de su familia. Nunca ha ido a la escuela, nunca ha pasado un examen. Sabe leer y escribir porque le ha enseñado a su madre a partir de la Biblia y de otros libros propios de la religión mormona. No sabe que hubo dos guerras mundiales, ni siquiera sabe lo que significa la palabra “holocausto”.

La educación le cuesta a Tara su familia, una familia a la que vuelve una y otra vez con la esperanza de que le perdonen. Es curioso lo borrosa que ella se ve a sí misma sin ellos, cómo le falta su lugar en el mundo lejos de su montaña y cómo, en lugar de renegar de ellos, ansía que la reconozcan mostrándose  dispuesta a perdonar todo. Incluso que hicieran oídos sordos ante el maltrato al que la sometía su hermano.

Una educación es un libro fascinante que se lee conteniendo la respiración. Cerraba el libro por la noche y continuaba con la historia en mi cabeza sin poder terminar de creer que es una historia real ocurrida a lo largo de los últimos 20 años. Tara Westover es, en la actualidad, doctora en Historia por la Universidad de Cambridge.