“¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión”. Así comienza La única historia de Julian Barnes. Dan ganas de cerrar el libro y quedarse reflexionando qué piensa uno de semejante dilema, cómo ha actuado en su vida y qué, en definitiva, sería lo mejor.

El protagonista, Paul, tiene 19 años cuando conoce a Susan, 48 años, casada y con dos hijas. Coinciden en el club de tenis e inmediatamente, como lo más natural del mundo, empiezan a pasar tiempo juntos. Al cabo de los meses y también como lo más natural del mundo, Paul se instala en casa del matrimonio Macleod. Un muchacho tan joven no puede entrañar ningún peligro, parece deducirse de la tolerancia del marido. Sin embargo, por algunos accesos de cólera desmedida, sabemos que George Macleod no está contento con la situación. Un día, en la que parece no ser la primera vez, agrede a Susan causándole la perdida de varios dientes.

Los enamorados deciden marcharse juntos a Londres y alquilar allí un pequeño apartamento. Paul empieza a estudiar Derecho y Susan empieza a beber. Los días son demasiado largos para ella, la culpa demasiado grande.

A partir de este momento es cuando el lector aprecia el grandísimo amor de Paul, cómo a pesar de su juventud y su inexperiencia, cuida de ella e intenta recuperar la alegría que siempre ha habido entre los dos. Pero nadie lo puede todo, quizás nadie es la salvación de nadie, sino uno mismo y Susan no sabe, no puede vivir sin esa chispa de inconsciencia que proporciona la bebida.

Es una novela fascinante que cuenta una auténtica historia de amor, inconsciente quizás, triste sin duda, pero amor al fin y al cabo.