En camping-car de Ivan Jablonka es un libro sobre las vacaciones del autor cuando era niño y adolescente. En una furgoneta Volkswagen Ivan, su hermano y sus padres emprendían largos viajes durante el verano. En sucesivos años, y acompañados de una familia amiga, recorrieron Francia, España, Marruecos, Portugal, Italia, Grecia, Turquía y la costa yugoslava.

El autor recuerda esos viajes como un espacio de libertad y felicidad, aunque ambos conceptos van más allá de la forma en que pueden ser experimentados por un niño. El padre de los Jablonka pensaba que el pequeño apartamento que ocupaban en París no daba a sus hijos la oportunidad de jugar en la calle, andar en bici o experimentar por su cuenta y eso le hacía sentirse culpable y pensar que no proporcionaba a sus hijos el suficiente bienestar. Así pues, esta familia acomodada se convertía en hippie durante el verano y, a bordo de su furgoneta, se lanzaba a explorar el mundo.

La narración de Ivan Jablonka está dominada por el fuerte deseo del padre de que sus hijos sean felices, felices por decreto ley. Si atraviesan el desierto del Sahara deben ser felices contemplándolo, no puede ser que en ese momento prefieran jugar a las cartas, deben sentirse transportados por el paisaje, la cultura, etc. La libertad de los niños fuera del piso parisino era la libertad del padre. “Yo era feliz porque mi padre ya no era infeliz ante la idea de que yo no era feliz. Yo era feliz porque mi padre lo era, y él era feliz porque, actor y testigo de nuestra felicidad, comprobaba que nosotros lo éramos. Uno era feliz a través del otro.”

El libro es una mezcla de autobiografía y ajuste de cuentas (aunque qué autobiografía no lo es), hay muchos recuerdos extraordinarios, la sensación también de que, fuera por lo que fuera, fue una gran dicha la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones tan especiales y hay también un reproche al padre latiendo en el libro, una pregunta que subyace a lo largo de la narración: “¿Nos querías felices o era tú única forma de ser feliz?”.