José Sacristán representa en el teatro “Señora de rojo sobre fondo gris”, la maravillosa novela de Miguel Delibes. Desgrana el inmenso dolor de Delibes por la temprana muerte de su mujer y el teatro enmudece en un silencio compartido. Recuerdo haber leído el libro hace muchos años y haber disfrutado como lo hago ahora, desde la butaca del teatro Principal, la tarde de un sábado que se ha iluminado con la presencia de Sacristán-Delibes. Se mueve el actor por una escena anodina y gris, recordando a “una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”. Y piensa una en aquel que habita su vida y la hace liviana de pesares, aquel sin el que no puede una imaginar la vida.

La voz de José Sacristán se quiebra de vez en cuando en mitad de una palabra y se nos hace a todos un nudo en la garganta. He aquí el arte, aquello que consigue hacer de lo particular algo universal, el que transmite el dolor infinito de Delibes por la muerte de su mujer a los que escuchamos el monólogo de Sacristán. Hora y media solo el actor en el escenario y los espectadores conteniendo la respiración. Por no hacer ruido ni tosemos no vaya a ser que desaparezca la magia. Estoy segura de que más de uno salió del teatro con el propósito de pasar más tiempo con los que llenan su vida, no fuera a ser que un desgraciado día se arrepintiera de haber compartido tan poco esperando “envejecer juntos”, como Delibes.

A algunos quizás les pareció una obra demasiado triste, para mí fue la más hermosa historia de amor.