También las lenguas tienen un cuarto oscuro, una caja negra, una rareza… Los verbos defectivos son una de esas cosas raras, pero raras, raras.

Verbos defectivos no son los que tienen defectos, sino aquellos que carecen de una parte de la conjugación, pueden ser regulares o irregulares y el hecho de tener una conjugación con muchos huecos se puede deber a diferentes causas, como el significado, por ejemplo, no se puede decir “yo ocurro” porque no tiene sentido.

Además entran en esta categoría los verbos tercio personales (sí, lo se, el nombre no es muy habitual) que son aquellos que solo pueden conjugarse en tercera persona, por ejemplo acaecer, atañer, concernir, convenir, ocurrir, etc.

Están también los verbos defectivos de la tercera conjugación, que son abolir, aterir, preterir y unos pocos más que, aparte del infinitivo y el participio, solo se conjugan en las formas cuya base es átona (es decir, aquellas en que la desinencia empieza por i) por ejemplo, en abolir son posibles formas como abolido, aboliendo, abolía o abolirán, pero no *abolo o *abola.

Los verbos impersonales son otro tipo de estos verbos, carecen de sujeto y solo se conjugan en tercera persona del singular (además de las formas no personales). Se trata del verbo haber y de los verbos que expresan fenómenos atmosféricos (llover, amanecer, relampaguear, etc.).

Pena me dan los extranjeros cuando lleguen a esta lección.