Marcos, dos años y cuatro meses, cuando se refiere a sí mismo a veces dice “yo” y a veces “el nene”. La frontera, entre ese yo todopoderoso que acuñamos con los años, y la tercera persona que nos sirve para tomar distancia, todavía no está marcada y él es a veces “yo” y a veces “el nene”. Por lo visto Gento, un jugador de fútbol importante allá por los años cincuenta, hablaba de sí mismo en tercera persona, como si el profesional del balón fuera una figura de la que el propio Gento se distanciara. Vamos, que Gento para sí mismo era como “el nene” para Marcos. Esta anécdota que cuenta AT es muy divertida.

“No dudaba en absoluto de su talento, al contrario. Había en él algo muy francés, no sé, ese aire académico y burgués que tienen en Francia casi todos los escritores, donde jerarquizan, encarpetan y etiquetan cada movimiento literario y artístico. A veces decía: “Y Fulano, que no sabía quién era X, dijo tal cosa…”. X era él, hablaba de sí mismo por el apellido, como Gento, el jugador del Real Madrid, cuando le preguntaban los periodistas: “¿Jugará hoy Gento de medio o de delantero?”. Parece que se lo preguntaban siempre; y respondía: “Gento jugará hoy de delantero”, o de media punta, en fin, lo que tocara, hasta que un día llegó la respuesta memorable, aquel “a Gento le es inverosímil”. Era maravilloso oírle hablar de sí por su propio apellido, llamándose a sí mismo como supone que se dirigirá a él la posteridad.”

Andrés Trapiello: Seré duda