Hemos conocido con anterioridad en este blog a la Lina Meruane autora de Sangre en el ojo, hoy les presento a la Lina Meruane descendiente de palestinos que un día decide viajar a Palestina para conocer la tierra de sus abuelos. Como se pueden imaginar, es un viaje lleno de dificultades y tropiezos, un camino sembrado de baches y humillaciones. Esta cita que copio aquí me gustó porque muestra cómo la adaptación a una nueva tierra, a unas nuevas gentes supone, en la mayoría de las ocasiones, la adaptación a una nueva lengua también.

“Avanzamos en silencio o en castellano aunque hay más lenguas dormidas en nuestra genealogía. Los inmigrantes árabes adquirieron el castellano a medida que perdían el idioma materno pero lo siguieron hablando entre ellos como si se tratara de un código secreto vedado a sus hijos: se comerían la lengua antes que legarles a ellos el estigma de una ciudadanía de segunda. Había una sombra pegada a ese acento tan evidente como el vestuario ajado de la pobreza. De ambos hubo que deshacerse y no fue difícil. No les costó tanto la ropa nueva porque era del estilo de la que traían. No les costó tampoco sumar el castellano a sus lenguas porosas: sus antepasados habían habitado el español durante siglos en la península ibérica, lo habían arabizado, le habían conquistado el alma con el silencioso paréntesis de la hache intercalada y de los alhajados prefijos árabes. Hablarlo ahora era otra manera del regreso. Mi abuela, dice mi padre, lo había aprendido de niña, a la llegada; mi abuelo, en cambio, lo adquirió con once o doce o tal vez catorce años (…) Mi padre dice también, sin certeza, que mi abuelo se fue a trabajar al sur, en el molino de sus hermanos mayores, mientras aprendía su tercera lengua. El alemán lo había estudiado en un colegio de padres protestantes en una de las tantas escuelas de comunidades religiosas europeas que funcionaban en Palestina en esa época. Hay escenas dando vueltas: mi abuelo chapurreando alemán con algún cliente de la tienda La Florida, mi abuelo haciendo de escriba y de voluntario lector para paisanos iletrados que recibían cartas familiares desde Levante (…) No fue entonces ninguna tragedia doblar los alfabetos, invertir la dirección de la escritura, permutar la sintaxis, modular la entonación hasta perfeccionar el acento chileno: el cartel de esa bifurcación lingüística anunciaba progreso y los palestinos tomaron ese camino.”

Lina Meruane: Volverse Palestina