Leí “Sangre en el ojo” de Lina Meruane con tanto entusiasmo, me gustó tanto, que cuando vi en las librerías otro libro suyo me lancé sin pensármelo dos veces. Sin embargo esta nueva novela, “Sistema nervioso”, me ha desconcertado. Tengo la sensación de que es buena literatura y, sin embargo, a mí no ha conseguido amarrarme.

La protagonista de la historia escribe una tesis sobre astrofísica hasta que comienza a sentirse enferma. A partir de ese momento y poco a poco, todo parece desbaratarse: la relación con su pareja, un antropólogo forense, empieza a hacer aguas, una gran distancia se va abriendo entre ellos; el Padre de ella, al que se referirá siempre con ese apelativo, cae enfermo también. Es como si el caos presente en una parte del universo que ella estudia alcanzara a todo su entorno, pues la Madre también enferma. La biografía clínica se convierte en el hilo conductor de todo, nada se puede hacer si el cuerpo está enfermo, algo que ya sucedía en su anterior novela “Sangre en el ojo” que, sin embargo, leí con delectación.

En el relato se mezclan pasado y presente, de manera que a veces una no sabe si las enfermedades se están adueñando ahora de sus cuerpos o si alguna de ellas sucedió en el pasado. Podía haber leído con más atención, me dirán ustedes, pero les aseguro que no estaba fácil. El estilo es críptico, los personajes son: el Padre, la Madre, Ella, Él y el Primogénito. Las frases son breves y sucintas y luego están también los lugares, Chile y Estados Unidos que son, respectivamente, el País del presente y el País de origen. Sin duda, son pistas para situarse pero no han sido suficientes para anclarme a mí a la novela. Me temo que no nos hemos encontrado en el mismo universo espacial la novela y yo.