Ay, las palabras, las hay ambiguas y equívocas, las hay que hieren y también están las que acarician, hay palabras que se pretenden neutras y otras que se visten de seda. Y están también, esto no se lo esperaban ustedes, las palabras promiscuas. ¿Cual es su característica? Una palabra promiscua es aquella que presenta una sola vocal acompañada por cuatro o más consonantes, como por ejemplo “Schwartz”, y viceversa, una palabra que presenta una sola consonante y varias vocales, como por ejemplo “airee”.

El escritor italiano Italo Svevo explicaba que había decidido adoptar un seudónimo al darse cuenta del curioso fenómeno lingüístico que mostraba su apellido. El autor de Trieste se llamaba en realidad Ettore Schmitz y en su linaje germánico la pobre “i” estaba sola y perdida entre las seis agresivas consonantes que la rodeaban. Este curioso origen del posterior pseudónimo ítalo-germánico de Svevo ejerce de ejemplo fundamental en la historia de las palabras promiscuas.

La estructura morfológica de cada lengua incide de un modo decisivo en la proliferación o no de este tipo de palabras. En el ámbito de los repertorios de ejemplos muchas tradiciones ludolingüísticas coinciden en la búsqueda del mayor número de consonantes seguidas que puede admitir una palabra, ahí tenemos los términos alemanes en primera fila con su Donaudampfschifffahrtsgesellschaftskapitän, por ejemplo. Sí, igual es un poco demasiado, pero ya puestos a buscar… algo rotundo, ¿no?