De cómo el mundo se ha dividido y se sigue dividiendo en “ellos” y “nosotros”. De los distintos nombres que utilizamos para describirles a “ellos”, a los diferentes, a todos los que no somos nosotros y de cómo eso nos describe a nosotros mismos.

“Estábamos en Nuevo México, en el territorio apache chiricahua, por fin. Apache no es la palabra correcta, por cierto. Apache significa “enemigo”, y es como les decían, a los apaches, sus enemigos. Los apaches se llamaban a sí mismos Nde, que simplemente quiere decir “la gente”. Esto nos lo contó papá mientras cruzábamos en coche por ese paso de montaña, subiendo cada vez más alto, todo gris y muerto a nuestro alrededor. Y a todos los demás les decían Indah, dijo, que quería decir “enemigo” y “desconocido”, pero también “ojo”. A todos los estadounidenses blancos les llamaban ojosblancos, nos dijo papá, pero eso ya lo sabíamos. Mamá le preguntó por qué y él dijo que no lo sabía. Luego le preguntó: si ojo y enemigo y desconocido eran la misma palabra, Indah, entonces, ¿cómo sabía que a los estadounidenses les decían ojosblancos y no, en realidad, enemigos blancos? Papá lo pensó un rato en silencio. Y, quizás para llenar ese silencio, mamá nos contó que los mexicanos solían decirle hueros a los estadounidenses blancos, lo cual podía significa “vacío” o también “sin color” y que todavía les dicen güeros. Y los indios mexicanos, como la abuela de mamá y sus ancestros, solían decirles borrados a los estadounidenses blancos. Yo la escuché y me pregunté quiénes estaban más borrados en realidad, los apaches de los que siempre estaba hablando papá, o los mexicanos, o los ojosblancos, y qué quería decir realmente ser un borrado, y quién había borrado a quién de dónde.”

Valeria Luiselli: Desierto sonoro