Digo “feliz Navidad” o “felices fiestas” deseando realmente que el destinatario de mis palabras sea feliz. Quizás se lo deseo a alguien que es profundamente infeliz en estas fiestas y le hiero, sin querer, pero le hiero. Las Navidades son unas fiestas terroríficas para aquellos que han perdido a alguien durante el año. Lo serán también el año que viene pero el primero, el primero es un túnel sin luz, una herida en carne viva, un ahogo que no permite respirar. Mi hermano murió un 30 de junio y ya en octubre, noviembre estaba yo temiendo las Navidades. No me podía imaginar lo que sería ver su silla vacía. Y sí, su ausencia ocupó el comedor entero, pero duró menos que tantos y tantos días como pasé temiendo ese momento.

Las Navidades son unas fiestas para los niños, ellos son los verdaderos protagonistas de este tiempo que los anuncios pregonan mágico y los adultos pasamos como podemos. Las Navidades más felices para mí han sido cuando mis hijos eran pequeños, entonces veía las luces y las mesas tan abundantes y a Papá Noel y a los Reyes Magos con sus ojos y vivía un tiempo extraordinario, un tiempo que me parecía mágico. Y haces muchas cosas para que ellos recuerden las Navidades en las que fueron felices, pones el belén y el árbol y luces en el balcón y envuelves regalos y más regalos.

Os deseo a todos los que disfrutáis con las Navidades que lo hagáis intensamente y a los que tenéis una silla vacía, que el tiempo pase rápido, que la noche se vaya en un suspiro. Para todos, un abrazo y muchas gracias por las visitas.