Kim Ji-young es una niña nacida de una madre cuyos suegros querían un niño, es también una hermana obligada a compartir habitación mientras su hermano tiene la suya propia. Kim Ji-young es además una buena estudiante y una hija modelo. Cuando empieza a trabajar destaca por ser una empleada responsable y productiva, aunque sus jefes piensan que será mejor promocionar a un compañero varón.

Kim Ji-young conoce a un hombre, se hacen novios y finalmente se casan. Los horarios de trabajo son muy estrictos en Corea del Sur, es normal hacer horas extra todos los días e incluso ir a trabajar en fin de semana, así que, cuando se plantean tener un hijo, la pareja no tiene más elección que optar por que uno de los dos se quede en casa a cuidarlo. ¿Quién podría ser? Kim Ji-young, por supuesto.

¿Puede un libro contar una historia sencilla y que esta sea una denuncia? Al parecer sí, pues la historia de esta mujer, una más entre tantas y tantas, ha desatado una gran reacción en Corea del Sur e incluso en otros países asiáticos.

Al final del libro, Cho Nam-joo, la autora, incluye una nota en la que, entre otras cosas, dice lo siguiente: “A menudo pienso que Kim Ji-young podría ser alguien de mi alrededor, alguien que vive en algún lugar cercano. Y es que todas -mis amigas, mis colegas e incluso yo misma- nos parecemos a Kim Ji-young. Confieso que mientras escribía esta novela me mortificaba la situación del personaje y me compadecía de ella. Pero sé muy bien que la forma en que fue criada y el ambiente en que creció no le permitieron vivir de otra manera. Mi vida no es muy diferente de la suya”.