No sé si se habrán dado cuenta ustedes, pero en español cualquier adjetivo con valoración negativa sirve para insultar: feo, gordo, borracho, canijo… Mi hijo pequeño (tendría tres o cuatro años) dijo una vez de una amiga de la familia que era “fea, vieja y gorda”. Eso no se dice, le afeamos, pero si es verdad, respondió él. Y no le faltaba razón, nuestra amiga estaba gordita y tenía el pelo blanco, lo que para un niño era sinónimo de vejez, (ya la fealdad es más subjetiva). Pero es un ejemplo de cómo palabras que pueden ser simplemente descriptivas pasan a ser insultos.

Con  los insultos hay también niveles, no es lo mismo decirle a alguien que es tonto o bobo, que decirle que es idiota o imbécil, todos reconocemos ahí un grado ¿verdad? Y el siguiente nivel nos llevaría a cabrón, gilipollas, capullo…, que, si bien se han generalizado, suponen un punto más de agresividad.

Hay otros insultos que por lo poco que se utilizan no están muy marcados, como puede ser el caso de necio, memo o alelado. Y luego están esos insultos originales como botarate, cretino, necio, papanatas, zoquete o zopenco.

Si tienen que insultar que, a pesar de lo manido que está resultando para nuestros políticos, es el último recurso, por lo menos sean originales.