Una mujer argentina viaja a Estados Unidos para visitar a su madre y a su hermano, casado con una norteamericana. Los cuatro hacen turismo por Pacific Grove, van a comer a restaurantes mexicanos o pasean a la orilla del mar, pero lo realmente importante está en la cabeza de la protagonista. Los recuerdos que le asaltan de su niñez son de soledad y abandono por parte de su madre y de relaciones insanas con su hermano. Este es el mayor enigma de la novela, ¿qué pasó entre ellos cuando eran pequeños?, ¿ha desarrollado la protagonista una especie de dependencia del hermano?

En una entrevista, Florencia del Campo decía: “No sé si el hermano la acosó, la violó, no sé si ella lo incitaba. Tampoco sé bien lo que pasó. No sé si la madre la culpa a ella y lo exculpa a él. Pero la novela trata de eso: de lo difícil que es conocer la verdad de las cosas y trata de las heridas que nos dañan y que reaparecen con el paso del tiempo”.

Es una historia perturbadora dividida en dos partes, en la primera se cuentan más los hechos y en la segunda nos adentramos en los recuerdos de la protagonista, en su miedo al abandono, su sufrimiento, su dependencia del hermano, el no saber si pasó o no pasó.

Otro tema que se trata en el libro es el de la lengua, la lengua materna tiene connotaciones que no tiene una segunda lengua, aquella rememora sentimientos intensos solo con la mención de una simple palabra. La lengua materna forma parte de nosotros, según la autora, igual que la familia, el país o la ciudad que nos vio nacer.

Es una novela breve pero muy intensa que fue Premio Novela de Barbastro y que a mí me ha gustado mucho.