“Territorio de luz”, de Yuko Tsushima, es la historia de una mujer a la que un buen día abandona su marido. Se queda sola con su hija de tres años, sin más recursos que su trabajo de bibliotecaria, en una sociedad tradicional que gira en torno al hombre y considera que una mujer sola es una mujer fracasada. Alquila un apartamento en Tokio en el que entra la luz por los cuatro costados pero que no consigue iluminar la oscuridad de su interior y la incertidumbre de su futuro. Esa oscuridad se vuelve intolerable por la noche en un edificio en el que las únicas ocupantes son ella y su hija.

Nuestra protagonista, en un relato contado en primera persona, no puede seguir adelante con su vida, mucho menos darle a su hija todo el cariño y el arrope que necesita para crecer. En una situación en la que esperaríamos que esta mujer se volcara en su hija y recompusiera su vida, lo que sucede es que ella se hunde descuidando incluso el cuidado de su hija. Y comprendes que no puede hacer otra cosa porque ella misma necesitaría que alguien mitigara su desamparo.

Con el paso del tiempo, la niña va acusando la pérdida del padre y el desapego de esa madre que no consigue poner orden en su vida. La niña prefiere pasar la noche en casa de cualquiera de sus amigas, lejos de su madre porque su madre es una mujer profundamente triste que no comprende por qué su marido la dejó ni qué va a ser de su vida.

Es una historia aparentemente sencilla que te conmueve y te causa desazón a la vez. Ante este tipo de relatos yo no dejo de preguntarme qué tiene, cómo consigue que uno se sumerja en la historia de una forma tan contundente.

“Territorio de luz”, publicada en 1978 y ganadora del Premio Noma, está considerada como una de las más reveladoras e influyentes novelas japonesas modernas.