Dos hombres enamorados se ven clandestinamente los domingos. Los domingos se convierten en su refugio, son días dulces que ambos esperan con impaciencia, sobre todo el narrador, aquel en cuya casa se refugian. Esta pareja imposible (uno de los dos está casado y tiene hijos) hace de los domingos un territorio de encuentro, de amor y de deseo. Todo lo que es especial y hermoso se guarda para el domingo. Ese día charlan, cocinan, se aman o se asoman al balcón de ese pequeño apartamento de Buenos Aires que es su burbuja. “Los domingos eran los días acordados, en esos días todo lo que sucedía era maravilloso, aunque de una maravilla también previsible.” Los días de entre semana apenas existen y si lo hacen no son importantes.

Un domingo de repente, sin avisar, llegan la melancolía y el desasosiego. “Salimos a caminar porque hacía varias horas que estábamos quietos en el departamento y en esos momentos se acumulaba algo que no terminábamos de entender, una especie de aburrimiento que supongo que nos daba un poco de miedo. Ese aburrimiento mortal que me viene cuando estoy con vos, cantaba Gainsbourg, y que a nosotros nos incomodaba mucho, como si no saber qué hacer cuando uno está con otro fuera tan distinto de no saber qué hacer cuando uno está consigo mismo, o ese no saber qué hacer en los momentos de mayor intensidad y de mayor frescura.”

Julián López es un autor que procede de la poesía. Esa procedencia se nota en su prosa preciosa, cuidada y cálida. Es tan hermoso el libro que enseguida empecé a leer despacio. Casi sin darme cuenta me demoro en la lectura para que no se me acabe, me recreo en las imágenes, leo con morosidad para no abandonar a estos dos hombres enamorados, para seguir en su departamento de Buenos Aires.

Asisto al final de este amor con pena y desaliento. Lo hubiera querido eterno como quieren los niños que nunca se acabe lo que disfrutan, pero era imposible, uno de los dos quería más, lo quería todo, como buen enamorado. “Ahí estuvimos, creo que no me preguntaste qué querés, pero creo que mi cabeza era un tonel vacío en el que estaban todas las respuestas: que te quedes conmigo para siempre, que me dejes, que sueltes todo, que abras los brazos y me recibas, que no hubieras aparecido, que mi vida sea un poco más idiota, que pueda mezclarme con la gente y hacer parejas como sociedades de beneficios mutuos, que me dejes, que te vayas para siempre, que tus hijos me reclamen, que te mueras. Que te quedes conmigo para siempre”.

¿Y el título?, se preguntarán ustedes, el título se completa así “El amor es la ilusión de algunos mamíferos”, los humanos, estos ingenuos que nos enamoramos y nos queremos eternamente enamorados.