Las palabras sirven para nombras las cosas que vemos y aun las que no vemos, lo que existe y lo que está por venir. Las palabras ponen nombre a lo que sentimos y a lo que nos conmueve, bien sean el dolor o la felicidad. Hay una palabra para la melancolía y otra para el desarraigo.

Las palabras nos salvan porque nos expresan, recomponen nuestro desasosiego y minimizan los daños cuando conseguimos poner en palabras nuestro sufrimiento. Las palabras curan y tambien hieren como una espada que se clava derecha en el corazón. Hay palabras que quisiéramos no haber dicho nunca y otras que debimos decir y no acudieron a nuestros labios.

El silencio vale porque existen las palabras, que tus palabras sean mejores que tu silencio, de lo contrario calla, decía el sabio. Y hay palabras que deben ser dichas, esos gracias, esos no sabes cuánto te quiero que quizás todavía tengamos pendientes, digámoslos mientras estemos a tiempo. De eso no nos arrepentiremos nunca.