“Hoy existe una iniciativa llamada Proyecto Rosetta que aspira a proteger de la extinción a las lenguas humanas. Los lingüistas, antropólogos e informáticos responsables del proyecto, con sede en San Francisco, han diseñado un disco de níquel donde se las han ingeniado para grabar a escala microscópica un mismo texto en su traducción a mil idiomas. Aunque muriese la última persona capaz de recordar alguna de esas mil lenguas, las traducciones paralelas permitirían rescatar los significados y las sonoridades perdidas. El disco es una piedra de Rosetta universal y portátil, un acto de resistencia frente al olvido irrevocable de las palabras.”

Cuando ustedes alcen la copa para brindar esta próxima Nochebuena, sean dos o cuatro o seis, familiares o allegados, acuérdense de hacer un brindis más, uno excepcional dedicado a este Proyecto Rosetta. Brinden por las palabras guardadas bajo siete llaves (en tecnología moderna, grabadas a tamaño infinitesimal), esas palabras que traía yo a colación hace poco, esos términos que le recuerdan a uno a su padre, a su infancia, al barrio en el que creció, y tómense una copita a su salud. Como excusa para hacer un brindis más no está nada mal.

Irene Vallejo: El infinito en un junco