Se denomina argot o jerga a la modalidad lingüística de un grupo social o profesional determinado. De ahí que se hable habitualmente de dos tipos de argots: el que se deriva de los términos especializados de un grupo profesional y ese tipo de lenguaje que busca ser entendido por sus miembros y no por “los de fuera”. Este último es el caso de los argots que desarrollan grupos que necesitan comunicarse sin que otros próximos a ellos les entiendan.

Estos argots evolucionan rápidamente y por diversas causas: sirven como lenguaje secreto para engañar al oponente, por ejemplo, a los funcionarios de prisiones; y sirven también para aumentar el sentido de la solidaridad entre los miembros del mismo grupo. Es una agresión simbólica a las normas de clase media y su lenguaje, y también puede considerarse como una reacción defensiva contra la hostilidad del mundo “normal”.

Curiosamente algunas de las expresiones que crean estos grupos traspasan sus fronteras y se incorporan al acervo común, como sería el caso de los términos molar, alucinar, tirarse el farol, dar la brasa, rallar…

¿A que mola esta entrada? Bueno, habrá quien piense que le estoy rallando, pero yo me tiro el farol y si cuela, cuela.