Nefando es una novela tan perturbadora que me debato entre decirles que la lean porque es extraordinaria o recomendarles que ni se acerquen porque te deja el alma helada.

Mónica Ojeda es una escritora ecuatoriana que publicó este libro con solo 27 años, con razón es saludada por la crítica como “la promesa de una generación” y considerada como una de las novelistas más relevantes de la literatura latinoamericana contemporánea.

Nefando es un adjetivo que describe ‘algo abominable por ir contra la moral y la ética’ y es también el nombre de un videojuego que tres (hermanos) de los protagonistas de esta historia desarrollan en un piso de Barcelona. En el videojuego se incluyen cintas pornográficas que recogen los abusos a los que el padre sometió en su infancia a los tres hermanos, dos chicas y un chico.

Es un libro sin límites, una obra de exploración de lo que más nos asusta: la maldad del ser humano ejercida sobre los niños y, aún más, ejercida por aquel que se supone que es quien más nos va a querer, el protector por definición, el padre.

Mónica Ojeda dice en una entrevista: “Tengo una obsesión con cómo el deseo está vinculado con el miedo y cómo la belleza está vinculada con el horror. Me muevo de lo apolíneo a lo dionisíaco, y me interesa esa pulsión salvaje y destructora que tiene el deseo”, algo que desde luego aborda en esta novela.

Termino como empiezo, sin saber si decirles que corran a leerla o que la dejen correr, pero sí les voy a decir mi impresión, aunque me hizo sufrir, me alegro mucho de haberla leído, tuve la sensación de tener literatura en estado puro entre mis manos y eso no pasa a menudo.