Dice la contraportada del libro que esta es una narración “que nos habla de la memoria, el pasado, el envejecimiento, las palabras, la bondad y la gratitud hacia aquellos que fueron importantes en nuestras vidas”. Yo diría que este es un libro que extiende una anécdota a lo largo de 173 páginas sin conseguir que el lector, al menos yo, se implique en una historia que debería tocarnos el corazón profundamente.

Michka es una anciana que se va perdiendo a sí misma, confunde las palabras, olvida las cosas. Marie es una joven a la que Michka cuidó de pequeña, era su vecina y siempre que la niña estaba sola porque su madre había salido o simplemente la descuidaba, Michka la acogía. Se establece un vínculo entre las dos como no puede ser de otra forma. Cuando la mujer se hace mayor, Marie intenta estar cerca de ella. Y digo intenta porque no sabría decir si lo consigue. El libro es un constante diálogo de cosas cotidianas entre las dos que no va más allá, no profundiza ni en los personajes ni en las emociones.

Se cuenta también el deseo de la anciana de dar las gracias a una pareja que la acogió durante la Segunda Guerra Mundial salvándole de una muerte segura por su condición de judía. Marie pone algunos anuncios en el periódico para tratar de encontrar a esas personas y eso es todo. Bien poco esfuerzo para dar las gracias a alguien que te salvó la vida.

Delphine de Vigan es una autora que me gusta mucho, creo que sus otras novelas son libros valiosos que merecen ser leídos, por ejemplo Nada se opone a la noche. Lamento mucho no poder decir lo mismo de Las gratitudes.