Lorena Salazar Masso cuenta la historia de una madre blanca que con su hijo negro emprende un viaje río abajo en busca de la madre biológica del niño. Es un viaje en el que cada día es una vida distinta, pues cada día amanecen en un lugar diferente y, si el viaje es a través del caudaloso río Atrato, en el departamento del Chocó colombiano, cada día que pasa uno lo ha sobrevivido más que vivido.

Es un relato acerca de la maternidad (más allá de los genes) que Lorena Salazar define así: “Tener un hijo es buscar, todo el tiempo, formas de explicar el mundo. Poner en palabras cosas terribles, milagros, presentimientos. Hablar de dinosaurios sin tener ni idea”. Sí, ser madre es eso y es sobre todo conocer la vulnerabilidad de primera mano, sentir que la vida propia pende de la vida del hijo.

Según pasan los días y la madre y el niño se van acercando a su destino, el lugar donde la madre dejará al niño con la madre que lo parió, todo va cambiando. Cada vez queda menos tiempo por compartir. Entra en escena la violencia, esa que habíamos sentido agazapada en las veredas del río durante toda la novela, y lo cambia todo. “Las mujeres son las más afectadas por la desigualdad y el conflicto, y todo el tiempo están buscando la forma de salvar a sus hijos”, dice la autora en una entrevista.

La herida a la que se refiere el título es la herida de la maternidad, la herida de los pobres que ven arder sus casas, la herida de tantas madres abandonadas, la herida de un país que se desangra de violencia.

Es la primera novela de Lorena Salazar Masso, una joven colombiana, de la que podemos esperar grandes cosas después de este comienzo en la literatura.