“Winceworth tenía con frecuencia motivos para acordarse de un libro de texto de su época escolar lleno de ejercicios y tablas de gramática. En una página se pedía a los alumnos que ordenaran los siguientes verbos según su velocidad: pasear, andar, deambular, vagar, patrullar, caminar, rondar, trotar, marchar, transitar, circular, correr y galopar. Winceworth pasó una vez más junto a la banda. Paseó marcia moderato. Anduvo allegro, deambuló adagietto. Llamó la atención de un camarero y le pidió por señas otro whisky. Todo el mundo estaba riéndose y brindando, se veían borrosamente mangas que revelaban franjas de piel desnuda y bocas de las que asomaban dientes. Vagó larghissimo, patrulló ad andantino, caminó moderato. Para entonces, debía de haber doscientas personas en la sala y todas parecían estar pasándoselo en grande. Rondó grave, trotó vivacissimo.”

Esta cita sería, en efecto, un precioso ejercicio para alumnos de lenguaje. Es curioso que darle un sentido preciso a cada una de las palabras que componen un determinado campo semántico sea a veces tan difícil. ¿Cuál es la sutil diferencia entre deambular y vagar? ¿Y entre caminar y andar? Ahí se lo dejo y ¡ojo! no vale utilizar el diccionario.

Eley Williams: El diccionario del mentiroso