Las palabras que no dije se me murieron en la boca. Surgían en mi pensamiento, llegaban a mi garganta y desaparecían ante mis ojos. Hay silencios que valen más que mil palabras, reproches que es mejor no decir, respuestas que llegan tarde. Pero las palabras expresan y significan. Congelan un momento, lo esculpen, matizan los hechos, explican los sentimientos. 

Las palabras que no digo se van a morir al mar, nunca las oye nadie, puede que parecieran muy reales, quizás hasta estaban en mayúsculas, pero si jamás fueron dichas no existieron, no llegaron a ningún sitio, no emitieron ningún mensaje. 

Las palabras que no dije no explicaron nada, no volaron en el aire, no fueron arrojadas contra nadie ni a favor de nada. Abandonaron el discurso como vapor de agua, no salieron del pensamiento, ahi se quedaron. Qué hacer con las sobras de esa conversación que naufragó, dónde guardarlas, dónde tirarlas… a dónde irán a parar.

Las palabras que no dije se me atragantaron, quise toserlas pero no pude, me quedé muda.

Las palabras que no dije fueron a engordar el silencio.